Mi experiencia en las alturas por Pablo Zapico

Este verano tuve la oportunidad de viajar a Peru junto a mi amigo Alejandro Sánchez Ostiz para hacer un voluntariado en una escuela infantil de un pueblecito rural en el alto de los andes que se llama Pacchanta.
Esta es una pequeña comunidad que se encuentra a unos 4000 msnm y muy cerca de uno de los picos más altos del Peru llamado Ausangate cuya altura es de 6384 msnm.
Llegamos con muchísimas ganas e ilusión aunque, también, con bastantes nervios, al menos en mi caso, pero que se nos quitaron nada más llegar debido al cariño con el que fuimos acogidos por los niños, padres, profesores y coordinadores.
Nos dieron alojamiento en una escuela de Fe y Alegria que se encuentra en un pueblo cercano cuyo nombre es Ocongate. No nos faltó de nada y pudimos estar perfectamente con nuestros sacos de dormir para poder descansar después de nuestras jornadas de trabajo.
Nos trataron de maravilla, con una hospitalidad increíble y que siempre recordaré. Además hicieron todo lo posible para que nuestra estancia allí fuera lo más cercano a estar en casa y, desde luego que lo consiguieron.
Como curiosidad, tuvimos la ocasión de asistir durante el fin de semana al festival de ganado en el que pudimos ver todas las  clases de llamas, alpacas y lo que a mí me pareció más divertido, carreras de cuyes. Además, una de las tardes tuvimos ocasión de poder ir a unas piscinas termales para darnos unos baños y tomar unas ricas cusqueñas junto con las profesoras de la escuela y nuestro querido Flavio.
Nuestra misión allí consistió en dotar de electricidad las aulas que no disponían de ella, ayudar con tareas de fontanería y carpintería para arreglar los desperfectos que pudimos encontrar, también ayudamos a techar un par de invernaderos para que los niños junto con los profesores puedan plantar verduras, legumbres y hortalizas.
Por último, les hicimos un pequeño botiquín para cubrir las necesidades médicas básicas.
Nosotros somos dos farmacéuticos que no tenemos muchos conocimientos de electricidad, ni carpintería ni fontanería pero si unas ganas tremendas de ayudar y poder colaborar para que otras personas puedan vivir mejor.
Para realizar todas estas tareas contamos con la inestimable ayuda de Flavio, nuestro súper “manitas” que colaboró con nosotros durante todos los días que estuvimos allí y que además nos enseñó un montón de cosas. Los padres de los niños también estuvieron muy participativos. Pudimos contar con sus conocimientos, sus ganas y su energía que para nosotros fue una auténtica motivación.
Desde aquí quiero dar gracias a todos, a Edy, Lis, al padre Fabián, a Flavio y, también, a los niños y profesoras por todo lo que nos enseñaron y aportaron. Ha sido, sin duda, una de las mejores experiencias que he vivido y que, sin duda, me gustaría volver a repetir. Les llevo a todos en mi corazón.
También quiero dar la Gracias a mi amigo Alesito porque sin el nada de esto hubiera sido posible.
Un abrazo
Muchas gracias
Pablo